Steven Paul Jobs, fallecido el 5 de octubre de 2011 es un exponente de quien asume en su vida un espíritu emprendedor. En su discurso en la Universidad de Stanford en el año 2005 relata tres historias con las que podemos articular “El rol del psicólogo del trabajo en el desarrollo emprendedor: ¿Quién es un emprendedor? De Sandra Kuchevasky y Paula Vinocur.
En su primera historia que denomina “Conectando puntos” pone de manifiesto que su experiencia personal y el significado que él le otorga, lo posicionan como alguien que en lugar de subsumirse en la queja, el abandono y la victimización de su existencia; asume riesgos, tolera la incertidumbre y percibe la dificultad como un desafío, ya que ve en ella la oportunidad de poner su intuición, su impulso y su habilidad de movilizar recursos personales en pos de la realización de su proyecto de vida. “Confiar en mi corazón, nunca me ha dejado tirado en la vida y ha marcado la diferencia”. Asumir una posición activa frente a las distintas situaciones vitales, la confianza, la posibilidad de releer y conectar puntos mirando retrospectivamente, le han permitido confirmar el sentido de su vida y convertir una idea en un proyecto innovador.
La segunda historia “sobre el amor y la pérdida”, nos permite poner el foco en el proceso emprendedor, ya que Steve Jobs pone en acción determinadas competencias personales: el amor en lo que uno hace, su capacidad de afrontamiento y de resolución de problemas le permitieron enfrentar los diversos desafíos e incorporarlos para su propio beneficio y el de su proyecto.
Sabía lo que deseaba hacer y aún siendo despedido de su propia empresa y sentirse devastado seguía enamorado y dispuesto a comenzar de nuevo. Menos seguro de las cosas y abierto a un proceso de búsqueda entró en lo que él denomina los períodos más creativos de su vida.
En la tercera historia “sobre la muerte”, comparte su visión de la vida que se fue haciendo al aprender de su propia experiencia, que lo llevó a vivir cada día como el último, a proponerse ser él mismo siguiendo la voz del corazón y de la intuición. Si la muerte es el destino que todos compartimos y el mejor invento de la vida, nuestro tiempo es limitado, y el saberlo se trasforma en el mejor motor de cambio. Esta capacidad de romper con la situación de equilibrio para desplazarse de lo conocido y seguro a lo desconocido e incierto, de afrontar la crisis con pasión por lo que cada uno hace, son condiciones que ponen de manifiesto las características del emprendedor: su capacidad de iniciativa, su alta dosis de creatividad, su compromiso con una idea, su determinación y optimismo, su propósito de búsqueda y el aprovechamiento de las oportunidades.
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