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La noticia dice que las personas de la generación Y priorizan sus gustos y no quieren pasar su vida en una misma empresa (esto parte del desencanto por el hecho de que sus padres dedicaron toda su vida a la empresa y ésta no contribuyó en sus metas personales y cuando le fue conveniente no dudó en echarlos). Por esto mismo es que si el empleo no los complace, renuncian.
Esta generación trae consigo una mochila de valores que los diferencia de sus compañeros más grandes. Crecieron conectados y muchas veces saben más que los adultos. No se sienten elegidos para un trabajo, sino que eligen el trabajo que quieren hacer. Los Y no creen en el “hay que hacerse de abajo” legado a los hijos de la inmigración, es decir, a sus padres.
Muchos Y vieron de chicos como varios de sus parientes quedaban desafectados de grandes compañías después de “haberles dado la vida” y no creen en la empresa como institución. Para un Y, en cambio, el trabajo es aquello que le permite llegar a lo que quiere, la libertad personal y el placer. Por eso, repiensan su empleo cada tanto y están dispuestos a cambiarlo si no cubre sus expectativas.
Se dice que es la generación del lugar virtual y la velocidad, que está a un click de distancia de todo y espera respuestas rápidas. También enseñan. Pero además, buscan un contexto laboral que desafíe y divierta. Quieren autonomía, además de diálogo abierto y constante.
Sin emabrgo, X e Y pueden trabajar a partir de las diferencias. Son hedonistas, les interesa más la experiencia del consumo que acumular bienes, pero también se identifican con valores solidarios.
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